Poetas Hazversos

Un blog
para los amigos de la poesía
que nos reunimos
en torno a los poetas de la colección
"Hazversidades poéticas"

(Café Comercial, Glorieta de Bilbao, el último martes de cada mes a las 20:00)

lunes, 5 de julio de 2010

El Uno y los otros


Julio Castelló, Poeta. Poeta en la medida no mesurable en la que Paul Celan o Edmond Jabés fueron, son, serán Poetas. Y sin embargo, Julio Castelló, transparente, secreto, casi invisible Poeta. Poeta que conquistó desde sus primeros versos, allá por 1979, y para siempre, la autenticidad, el único territorio en el que habitan los Verdaderos, aquellos que transitan los antípodas donde abrevan los otros, los menesterosos, mediocres y mezquinos; esa cohorte de tarambanas, trepadores, advenedizos, sean españoles, turcos, russos, o chilenos; esos que un día quieren ser pintores, otros novelistas, otros filósofos, y casi siempre quieren ser poetas (poco texto creen que equivale a escaso esfuerzo) porque no quieren ser ellos mismos sino sólo ser vistos, instalarse en la notoriedad. Si el caso se diera, esos farsantes estarían dispuestos a ser filibusteros, o gilibusteros, sillas de montar, lamparillas o porcelanas de Talavera. Lo que sea que esté de moda y los haga visibles. Tipos y tipas que creen encontrar un sentido a sus impostadas vidas queriéndose dar la importancia social del artista, del mismo modo que otros justifican su vida primero teniendo un hijo y luego jodiéndole la existencia.
Pero esa falsía tan de Gollum de algunos de nuestros artistitas contemporáneos se vislumbra bien de lejos cuando se compara con un poeta de una y de mil piezas como Julio Castelló y se ve que cada verso de aquéllos es plagio, cada fotografía copia, cada cante, eso, un cante.
Pero pese al demasío silencio y a la incomprensible ocultación del Poeta indispensable que es Julio Castelló, ahora tenemos la fortuna de gozarlo sin ínfulas, ínsulas, baratarias ni dobleces.
Así que cuando al fin los años y los hombres se hagan justicia a sí mismos reconociendo la inalcanzable altura de nuestro Hazverso poeta, podremos sólo algunos de nosotros decir “yo estuve allí”. Mucho antes de que el mundo reconozca lo que es, sin embargo, palmario: Julio Castelló, Poeta de la Autenticidad; porque él, como los dioses, es quien es; y porque lo es, es lo que es.
Poeta sin haber sido publicado como debería pero aun así también Poeta en su propia piel, sin haberse movido como un loco ruin para salir en todas las fotografías al mismo tiempo, sin haber mendigado aparecer en las crónicas de los que aunque no cuentan nada, cuentan en el oropel.
Julio Castelló, Poeta de “género”; en concreto de un género, el de lo que es esencial.

la piedra al cuello
tu piedra
la piedra que me hace diferente
ligero pesado
superior a mis fuerzas
superior a mi propia fatiga
esta piedra de sal que no se deshace
bajo la lluvia
esta piedra que crece hasta que
a veces creo que no la llevo encima
la misma piedra que habla con
un silencio sólido
un silencio de siglos de golpe
un silencio breveconcentradoveloz
como una bala que
debía haber silbado

pero llevamos dentro
silenciosa y mortal

(De “Sunu Gaal”, Ed. Sial)

escala 1:1 me creaste una estrella de indudable autoridad
un chasquido de lengua una tormenta
una rotura en la piel un precipicio
una gota de saliva de baobab
un soplo
un hombre
mi propio nhombre

(De “Sunu Gaal”, Ed. Sial)

Y ya no más poemas de Julio Castelló, valgan éstos dos para abrirnos el apetito de decidirnos a ser testigos de un acontecimiento del que podremos jactarnos al final de nuestros días cuando contemos a otros que nosotros “estuvimos allí”, en el Libertad 8, en uno de los recitales del Magíster.
Así que dispongamos unos versos para decir “hasta el jueves” a Julio. Pero, ¿qué versos podríamos redactar a continuación de los suyos que le hicieran la debida compañía? Realmente muy pocos de muy escasos autores. Valgan estos:

REPOSO

Una tristeza del tamaño de un pájaro.
Un aro limpio, una oquedad, un siglo.
Este pasar despacio sin sonido,
esperando el gemido de lo oscuro.
Oh tú, mármol de carne soberana.
Resplandor que traspasas los encantos,
partiendo en dos la piedra derribada.
Oh sangre, oh sangre, oh ese reloj que pulsa
los cardos cuando crecen, cuando arañan
las gargantas partidas por el beso.

Oh esa luz sin espinas que acaricia
la postrer ignorancia que es la muerte.

(De “Espadas como labios”, Vicente Aleixandre)
(Fotografías, Julio Castelló. Por cierto, el mes de julio se ha inaugurado una exposición de fotografías de Julio Castelló en el Libertad 8)

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