Memorable fue la velada de anoche en la que Elvira Daudet presentó su volumen de la Colección Hazversidades Poéticas.
El llenazo fue absolutamente reconfortante en tiempos en que algunos creían/creíamos que la poesía iba siendo cosa de marginados marginales (eufemismo bienpensante para denominar a los “raritos”). Pero resulta que no. El Libertad 8 recordaba anoche a los recitales de Mario Benedetti, capaces de llenar un estadio de fútbol. Gente sentada por los suelos, de dos en dos en las sillas, de pie en los pasillos de entrada. Hubo que cerrar el acceso por seguridad. las fotos de mi mini cámara no reflejan ni l
a mitad de la sensación de arropamiento en torno a ese lujo de la existencia que es Elvira Daudet.
Había en el ambiente una atmósfera de bonhomía, de sencillez y emoción. Había alegría y ánimo en la gente, que había dejado afuera, en la calle, las preocupaciones contingentes de la crisis para dejarse abrazar, acunar por la palabra poética de Elvira, que nos conecta con los grandes enigmas de la naturaleza humana y nos hace sabernos transcendentes pese a todas las aparentes miserias de la existencia.
A mi izquierda una mujer rompió a llorar a lágrima viva ya en el primer poema de Elvira. Otros señalaban la potencia de su cuerpo aparentemente frágil, la belleza de su rostro limpio de maldades aunque surcado por dolores que el tiempo ha ido dejando en nuestra poeta. Y sin embargo, haciéndole a veces la higa a ese dolor, se permitía Elvira leernos un irónico poema sobre un marchito intento de seducción de un jovenzano allá en Venecia.
En algún momento Elvira tuvo que detener su pausado recitar porque el pasado se le arracimaba en los ojos, igual que a dos hombres, hechos y derechos, como se decía antes, que en otra esquina de la sala también comenzaron a hipar con sollozos lentos. Ninguno de los dos era familia de Elvira, no se sentían emocionados por algo concreto, conocido, propio, sino por el universal sentimiento que Elvira Daudet es capaz de transcribir en palabras.
Algunas de las fotos que aquí pongo siquiera se acercan a mostrar el encantamiento que se produjo anoche. Rafael Borge abducido por la belleza de lo que literalmente se le vertía encima. Carmina Casala, poeta magnífica, otra de nuestras grandes (que estará en las Hazversidades el 8 de septiembre) cuyos ojos demuestran el tsunami que por ella oleó (hoy me ha manado este mensaje: “Entre tanta vaciedad que nos rodea, dentro y fuera del verso, es de agradecer la sacudida poético-emocional que nos hizo sentir Elvira Daudet…. ¡Fantástica sesión la de ayer! Enhorabuena y gracias”).
Y tantos otros que salían del 8 embriagados, sabedores de que habían asistido a un espectáculo único e irrepetible. Ramón Irigoyen, Juana Vázquez, María, Manuela, Julio, Simón, Maria José, Marta, Irene, Santiago Tena, José Tomás, Doreste, Alejandra, Joaquín Nieto, Juan carlos Atienza… todos regresaban a sus vidas trastornados en el mejor sentido de la palabra. Se acercaban a mí (imposible era hacerlo a Elvira, firmando y firmando ejemplares del libro, cuya edición agotó en diez minutos), me agarraban el brazo, me miraban a los ojos y decían “no doy crédito”.
En fin, gracias de verdad a Elvira Daudet por su generosidad dejándonos sus versos para publicarlos en las Hazversidades Poéticas y sobre todo gracias Elvira por habernos regalado tu existencia, esa existencia tuya estremecedora, terrible y tierna, frágil y poderosa, detenida y vivaz.
Ayer fue un momento de iluminación. Un momento que nos desveló la profundidad de la vida que vivimos aunque a veces ni nos demos cuenta. Por eso es el momento de llevarle la contraria a Tertuliano. Él dijo: "aquellas cosas que están veladas, una vez descubiertas quedan destruidas”. Ayer las cosas que descubrimos quedaron construidas, imperecederamente en nuestros corazones para siempre…