Poetas Hazversos

Un blog
para los amigos de la poesía
que nos reunimos
en torno a los poetas de la colección
"Hazversidades poéticas"

(Café Comercial, Glorieta de Bilbao, el último martes de cada mes a las 20:00)

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miércoles, 28 de noviembre de 2012

Manuel Hazverso nos despierta

queridos hazversófilos, reconozcamos que la velada de hoy en Hazversidades ha sido toda una experiencia de confrontación con las más incómodas verdades que los hombres intentamos no ver...

José García, que es Manuel Manuel, que fue George Gordon Noel Byron, que es siendo Paco García Prados, que es Todos y es Ninguno, que es Nadie y es Tú, y es Yosotros, como diría en afortunado neologismo Julio Castelló... en fin, el poeta hazverso de hoy,que es de los que no siguen el camino de los mediocres llevados del ronzal, ha sido el encargado de darnos la amable bofetada que nos ha despertado del letargo de la complacencia. Zarandeados por él, desasosegados por su inclemente visión del mundo que más que vivirlo nos vive, en los paisajes de este miltoniano escritor de exabrúptico discurso poético total, totalizador y totalizante, hemos comprendido aquello que se anunció en el anónimo Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesucristo y Mahoma) allá por el siglo XVII, que “la ignorancia ha producido la credulidad y la credulidad la mentira, de la cual han salido todos los errores que hoy reinan”.

La poesía de nuestro hazverso Manuel, José, Francisco y demás heterónimos es la de aquellos añorados libertinos eruditos, aquellos espíritus fuertes jamás inclinados a la credulidad y la superstición. Así que hemos escuchado contritos a este escritor sin concesiones cómo ha desangrado ante nosotros la herida íntegra del mundo y de los hombres. Gracias por estar, amigo.


En un pueblecito en la costa del caracol
Hay un hombre que dice venir de las estrellas
Hay un hombre que desde chico anda hacia atrás
Hay un hombre que camina sobre el agua
Todos los días a las cinco y cuarto de la tarde
Hay un hombre que ha contado los granos de arena
de la playa y dice que no dice su número porque no
ha dado con alguien que realmente esté interesado
en saber el número exacto de granos que hay en la
playa
Hay un hombre que no habla
Pero que da a entender por como toma la sopa
Que es el silencio el verdadero lenguaje del universo
Hay un hombre que le ha puesto nombre a todas las
estrellas los árboles y los animales pero que
desconoce el suyo
Hay un hombre que cree que él es el único hombre
Y que los demás son copias
Que se le escaparon de una pesadilla
Hay un hombre que sobrevivió al fin del mundo
Porque estaba en paz con todo
Pero al que todavía deslumbra
El fuego que devastó todo lo que valía la pena
Hay un hombre que lleva atada una sed inmensa
Que le muerde los pies del alma
Y no hay agua en el mundo que pueda distraerla
Por eso nunca ríe y siempre espera
En ese pueblo hay un hombre
Un solo hombre
                                                   (De Tiempos tremendos, 1998)
 
A Manuel siempre le ha atraído la nada
Ironicamente le espera la nada
Todas las obras de Manuel seran nada
Y nada quedara de Manuel
Manuel mira por el tubo
Hacia fuera y ese infinito
Es muy parecido a la nada
Ve algunos objetos
Planetas cometas soles
Pero muy distanciados unos de otros
Y que desde muy lejos
Forman figuras mas o menos curiosas
Nebulosas galaxias espirales
Manuel mira por el tubo
Hacia dentro y ese infinito
Es muy parecido a la nada
Ve algunos objetos
Protones neutrones fotones
Pero muy distanciados unos de otros
Y que desde muy lejos
Forman figuras mas o menos curiosas
Una coliflor un caracol Manuel
Algunos dicen que Manuel
Solo ve las figuras que forman
Objetos muy alejados entre si
Algo entre la apariencia y el fantasma
Que desde otro punto de vista
Desde otro espectro
A otra escala
Es nada

Al principio todos nos llamábamos Manuel
Aparecimos en el planeta
A eso de las cuatro y cuarto
Algo antes
Hacia las cuatro en punto
Aparecio la vida
Que Manuel llama compleja
Esta vida compleja
Con su historia sus logros y deseos
Habitat de los tiempos tremendos
Desaparecera a eso de las cinco
La distancia que separe
A Manuel de esa hora
Medira su inteligencia
En cualquier caso
Hacia las doce
El Sol habra llegado
Hasta este mundo
Y dispersas por el espacio
Vagaran las cenizas
De lo que un dia fue Manuel

                                            (De Hazversidades poéticas, 2012)

domingo, 25 de marzo de 2012

Expectación

Queridos amigos, gran expectación está causando nuestra próxima Poeta Hazversa, lo que me llena de alegría y también de agradecimiento a Enrique Gracia Trinidad, Elvira Daudet, Carmina Casala y algunos otros grandes poetas más que me presentaron la obra de Ana Montojo que yo no conocía (nada que deba extrañar al respetable pues con lo que yo ignoro se pueden redactar tres enciclopedias, dos de ellas visuales).

Así que os recuerdo que en el Café Comercial (Glorieta de Bilbao y con el Metro literalmente en la puerta), a las ocho de la tarde del próximo martes día 27 tendremos el privilegio de contar con los vivenciales poemas de Ana en su propia voz… No faltéis, jaime alejandre

Por mi mala cabeza voy dejando
pedazos de la vida en cualquier sitio.

Una tarde de lluvia perdí un sueño
en la barra de un bar, con el paraguas;
cuando volví no estaban y mira que lo siento;
el paraguas… aún tenía un buen uso
pero el sueño…
¿quién lo aprovechará con tantos rotos?

He perdido también –creo que fue en el metro-
una mirada larga, inacabada
que olvidé con las prisas
porque llegaba tarde a la rutina.

Y tras mucho buscar por los cajones
el beso que me diste
lo encontré con tres multas y algunas fotos viejas.

Casi seguro ya habrá caducado
mas lo conservaré porque… quién sabe…
tal vez me pidas que te lo devuelva.


(De “La niebla del tiempo”, 2011)

(Fotografía "Noviembre", © Julio Castelló, 2011)

domingo, 30 de enero de 2011

¿Por qué escriben?

Hace unas semanas El País publicó una entrevista colectiva a un considerable número de escritores. Tan considerable que en él también cabían cosas distintas al escritor auténtico, personajes que más responden al calificativo de “mercenarios” del negocio editorial que a otra cosa, u otros para los que la literatura no es pasión sino sólo el resorte de la fama y la notoriedad.
Recapacitando sobre algunos de los motivos presentados en la entrevista (salvoconducto para deambular por el laberinto humano, por vanidad, para entender el argumento de la muerte, por necesidad, por ganarse la vida, para vencer el miedo a vivir, para comprender, para encontrarse, por narcisismo, por haber leído, por masoquismo, por perplejidad, para seducir, para subvertir…) se me ocurrió trasladar la pregunta a algunos de los Hazversos (pasados, presentes y futuribles), y aquí están las respuestas que me dieron. No todas las respuestas son de su puño y letra, pues en ocasiones acudieron a citar a otros grandes autores para hacerse cómplices de sus palabras, pero en cualquier caso, todas las respuestas están cargadas de autenticidad. Aquí van las de Julio Castelló, Arturo Gonzalo Aizpiri, Rafael Soler, Elvira Daudet… La de Simón Arriaga, claro, artífice primero de la idea y también la del epiloguista Jaime Reis que ha creído, equivocadamente una vez más, que endilgándonos un texto, y encima largo, podría compensar su indelicadeza de no haber acudido en diciembre a la presentación del Crisol de Poetas Hazversos 2010.

Simón Arriaga:
yo escribo "para alguien", y en parte es verdad. Creo que todos tenemos "un otro" al que nos dirigimos no sólo al hablar sino también al escribir, un otro imaginario o real, pero siempre simbólico... aunque ese otro sea uno mismo en tanto que lector de su propia obra. Yo ahí­ me sitúo precisamente en el desdoblamiento, y es desde ahí­ desde donde creo que me resulta más interesante pensar en el "por qué escribo". Lo diré de una vez: ESCRIBO PORQUE NO ENTIENDO NADA. No, no entiendo nada: nada a priori, nada de lo que se supone, nada de lo que parece y luego resulta no ser, y después otra vez tampoco. Escribo pues porque intento saber, y escribir y leerme me ayuda a investigar "el océano en esta superficie de vidrio" y desde ahí­ el suicidio o la muerte a la que se accede sin lucha, por ejemplo. Acercarme a entender, o a intentarlo, de una vez aunque nunca de una vez por todas. Escribo porque no sé. No sé nada de lo que se supone que deberí­a, de lo que es obvio: que la piel de una manzana es diferente que la mí­a o la de la tierra o... escribo porque es una forma de pelear que no daña, una forma de pelea contra mí mismo o mi "no-mismo", tanto da, pero contra mí, y de la que uno de los dos ha de salir con menos ignorancia, aunque sea por poco tiempo. Porque el mundo se me cierra a cada paso y sólo en las palabras he encontrado llaves para sus tremendos cerrojos. Sé que hay otra llaves: danzas y silencio, música y colores y líneas... pero yo sólo tengo letras.
Como Gandalf a las puertas de Moria me devano los sesos para atravesar puertas invisibles en la roca, puertas que sólo se dejan ver al pronunciar, escribir, sobre ellas, en ellas, la palabra precisa: "mellon": amigo. DI AMIGO Y ENTRA.
Traducir lo escrito, todo lo escrito, en tanto que lector es una tarea terriblemente compleja. Gandalf comete un error de traducción que le tiene clavado frente a la roca de su ignorancia durante interminables minutos, empeñado en que "ya sabe de antemano" mientras que lo que descubre allí­ es que saber de antemano es siempre saber un error. Ha de cambiar el verbo, ese del que se dice que fue lo primero. No es lo mismo "hablar" que "decir", no es lo mismo "habla amigo y entra" que "di ´amigo´ y entra". Y debe ser que más allá de la anécdota no debe ser lo mismo, no, hablar que decir.
Si para Arturo, con el preciosismo que le caracteriza incluso en su letra, "escribir es pensar despacio" (qué delicia de frase, saboreable una y otra vez) para mi escribir es decir, en tanto que diferente y opuesto a hablar. ESCRIBIR ES, EN PRIMER TÉRMINO, DECIRME COMO A UN OTRO, LO QUE NO SÉ. Lo que aún no sé pero estoy a punto de tocar... precisamente por ese acto casi espeleológico de la escritura.
Es un saber importante ese saber que no se sabe y al que abre la escritura de la poesí­a, porque es un saber en el que se produce un "reconocimiento", fugaz a veces, vital o mortal. El reconocimiento de algo propio, como la propia figura en el espejo: algo tuyo de lo que te apropias desde afuera en un desdoblamiento tenso del que sólo eres consciente cuando termina, cuando ya ha pasado y ha dejado su hulla, o sus secuelas. Pues conocer tiene algo de sí­ntoma, de enfermedad, y no en balde la enfermedad nos abisma a un otro conocimiento del que gustosamente huiríamos, sin que nadie por ello nos tachara de cobardes.
¿Qué es lo que quiero saber? Lo único que no llegaré a saber nunca: QUIERO SABER QUIÉN SOY, Y NINGUNA RESPUESTA ES SUFICIENTE.
Yo también creo que somos por entero en lo que sentimos, pero no sé si lo sé mientras lo siento o sólo lo siento y lo soy. Saber lo que siento, saber lo que soy, es por tanto una tarea que abordo como un viaje interminable y no por ello menos necesario. Mi camino son palabras, mis pasos son palabras, mi mar, mi barca, mi naufragio son palabras.
Hay, por fortuna, lugares donde uno es por entero o casi. Son pocos, son las más de las veces, RELACIONES. Relaciones como la de este grupo de Canallas, en las que basta ´decir´ amigo, para que en la roca más inescrutable se dibuje la lí­nea de una puerta invitando a entrar...

Elvira Daudet:
escribo porque la vida, la mía y la de los otros, me duele; escribir es la única forma de paliar el dolor. Cuando he sido feliz no he sentido ninguna necesidad de escribir. Esta es la razón esencial, pero si miro hacia atrás veo que he escrito por diferentes motivos, según los momentos. De niña, empecé a escribir para salvarme del miedo. Descubrí que gracias a la magia de las palabras podía contar los horrores que sucedían a mi alrededor, en un suburbio de la posguerra invadido continuamente por los pistoleros falangistas; escribiendo me sentía fuerte y dejaba de temblar como un conejo.
De adulta escribía porque no sabía hacer otra cosa para ganarme la vida.
Cuando me separé de mi marido escribía para dar de comer a mis hijos, que aprendieran idiomas y proporcionarles una educación completa que les permitiera ir a la universidad a realizar sus sueños.
En los momentos más amargos, cuando la vida me resultaba insoportable, escribía para escapar de la desesperación.
Y en los últimos años escribo, únicamente, para seguir viviendo. Todo, incluida la vida, se lo debo a las letras.

Julio Castelló:
escribo por escribir.

Arturo Gonzalo Aizpiri:
escribo porque siento necesidad de hacerlo, porque creo que no me sería posible vivir de otra manera. Porque cuando no escribo tengo la sensación de que la vida fluye desordenadamente, escapándoseme entre los dedos, sin dejar huella. Porque cuando no escribo me parece que todo transcurre borrosa, imprecisamente; que los días son material fungible, que se los lleva el viento. Porque, aunque alguien piense lo contrario, no son las palabras, sino la ausencia de ellas, lo que corre el peligro de esfumarse en el viento.
He aquí, por tanto, una primera clave. Escribo por la relación que tengo con el tiempo. Yo siento el tiempo como algo físico, perceptible, que no por ser inalcanzable deja de ser real, algo así como un horizonte. El tiempo puede ser un amigo, un cómplice, si se da con las disciplinas que a uno le permiten entendérselas con él. Y mi unidad de medida para entendérmelas con el tiempo es la escritura.
Pero no sólo porque la escritura permita dejar registros, cuadernos de bitácora, mensajes en el interior de una botella. Sobre todo, y este es mi segundo punto, es que escribir es pensar despacio. Buscar las palabras que nos expliquen es la mejor forma de iluminar nuestro camino. Nombrar algo es apropiarse de ello. Si yo me quedo un momento pensando y escribo: "Me hace muy feliz comenzar el año intercambiando regalos y palabras con mis amigos", el solo hecho de buscar y seleccionar una a una este puñado de palabras hace que la felicidad que me proporcionáis sea aún mayor. Y, por causa de esta misma magia de la escritura, intentar el imposible de ponerle texto al amor que Ángela y yo nos tenemos, consigue el prodigio de hacerlo aún mayor. Si después de tomarme un rato para pensarlo concluyo que nuestro amor es resplandeciente, o efervescente, o vertiginoso, es como si lo habitara de un modo más completo. Perdonadme una de mis digresiones técnico-pedantes. Se dice en el mundo de la calidad que lo que no se mide no mejora. Yo siento que lo que no se escribe no acaba de existir del todo.
La escritura es, por otra parte, el hardware del leguaje. Y el lenguaje es el instrumento más poderoso que existe. La lectura y la conversación me han entrenado en su uso desde que tengo uso de (aunque escasa) razón, y ahora disfruto ejercitándolo en todas sus posibilidades, como disfruta el músico tocando su instrumento o el malabarista haciendo bailar objetos en el aire. Disfruto escribiendo discursos, dedicatorias, correos electrónicos, poemas, relatos. Disfruto hasta escribiendo la lista de la compra. Disfruto diciendo palabras en voz alta. Covarrubias. Tertulia. Maliciosa. Canallas. Periscopio. Mi familia.
Lo anterior se corresponde con mi carácter de hormiga hoplita. Dejar huella. Entenderme con el tiempo. Pensar despacio. Ejercitar el lenguaje.
Pero además he escrito y publicado una novela, y eso añade respuestas. Escribo porque es un maravilloso ejercicio de libertad. Porque me permite crear territorios a los que retirarme cuando quiero evitar sufrir una sobredosis de realidad. Porque no hay nada parecido a poner un libro en manos de un lector, e imaginar las mismas exactas palabras que he escrito, en su estantería, su mesilla de noche, sus horas de soledad, su vida. Porque cuando alguien lee la novela, deja de ser mía, para convertirse en algo compartido por ambos. Me emociona pensar que mis personajes, mis paisajes, ya son nuestros personajes, nuestros paisajes… He puesto en circulación dos mil sucursales de mí mismo y viviré siempre, de algún modo, en ellas.
¿Por qué escribo? Por la misma razón que estoy siempre impaciente por escucharos. Porque no hay mejor punto de apoyo sobre el que construir, junto con el amor, las relaciones humanas.

Carmina Casala:
escribo porque creo en la libertad de pensamiento, en la imaginación. La poesía es un impulso, una sacudida que me enfrenta a una misteriosa verdad interior, un salto en el vacío en el que sólo es posible el poema.
La palabra es creadora y yo me sé creada por ella. Siento que el poema culmina cuando consigues hacer de las palabras silencios.
Por eso escribo: por el milagro.

Jaime Reis:
porque un animal, aun sin saber que lo hace y sin intención por hacerlo, puede pintar o hacer música, pero no puede escribir.
Porque es un milagro que 27 signos se combinen para componer miles de palabras en miles de idiomas. Y quién en su sano juicio no querría ser parte de un milagro.
Porque me temo que con la oratoria sólo se convence a los que ya piensan como nosotros. Y escribiendo y leyendo eres capaz de cambiar de opinión.
Porque, ya lo he dicho, la foto de una puerta sólo puede ser esa puerta, y la palabra puerta es todas las puertas.
Y escribo para sacármelo de lo cabeza, aunque a veces lo haga mal y siempre lo haga a medias y saque la mitad de la mitad de lo que estuvo en mi pensamiento.
Porque la vida será corta pero a mí los días se me hacen larguísimos.
Porque tampoco hace tanto que el hombre escribe, en verdad hace muy poco, 5.300 años y hay tanto que contar y recordar... por ejemplo que la rueda sólo nació doscientos años antes que la escritura en Súmer...
Porque la escritura es lo único que permite almacenar y transmitir el conocimiento.
Porque es tal vez la única actividad en la que no hay que dar explicaciones.
Porque no sé pintar.
Porque sin texto no hay Historia.
Porque Gilgamés, abrumado por la muerte de su amigo Enkidu a manos de Isthar, la diosa del amor Isthar, Gilgamés, digo, abrumado ante el espectáculo de la desaparición de Enkidu se propone conquistar la inmortalidad... y lo consigue con la ayuda del imperecedero matrimonio superviviente del Gran Diluvio Universal... aunque luego la “planta de la juventud” se la robe una serpiente y por eso las serpientes cambiando de piel si no son inmortales sí son eternamente jóvenes... y todo esto lo sabemos por un poema titulado “Quien todo lo vio” escrito antes casi todo sucediera.
Porque recuerdo a mi padre y veo a mis hijas y sé que Sary, escriba egipcio talló en piedra estos versos: “Un hombre ha desaparecido, su cuerpo polvo es, / toda su parentela ha vuelto a la tierra, / pero un libro hace que lo mencione la boca de quien lee”.
Porque escribir es el territorio único y perfecto de lo más sagrado que para el hombre hay, la libertad.
Porque si una sola persona en el mundo leyendo una frase mía disfruta una milésima parte de lo que yo con la Ilíada de Homero, el Quijote de Cervantes, el Diablo Mundo de Espronceda o la Caída de Camus, me sentiré feliz, y creeré haber devuelto al mundo honradamente algo de la infinita felicidad inmerecida que he recibido en mi vida de lector.
Escribo también por una vanidad que creo que se redime por sí misma puesto que no busca el halago por el halago sino que al recibir un parabién por algo escrito por mí, al ver un libro mío subrayado por alguien, descubro hermanos de emoción y sentimiento y el mundo cobra sentido porque no estoy solo.
Escribo porque a vosotros, gente mía (gente, como diría Dersu Uzala), os gusta.
Porque soy curioso y no me canso.
Secretamente incluso para mí mismo, supongo que empecé a escribir para ganarme el respeto y la admiración de mi padre, lector empedernido e inédito escritor.
Porque así no se perderá en el olvido, resistiendo al menos una hora, pongamos, el tsunami que en mi corazón supuso caminar por el laberinto de la ciudad de Mari (Tell Hariri), a orillas del Éufrates, construida hace 7.000 años. Un lugar que hoy a un turista a la busca y captura de algún fotograma exótico lo dejará con el vacío de la estafa y que sin embargo a mí me conmocionó. Muros aparentemente vanos que no otro sino Hammurabi destruyó. Mis huellas sobre sus huellas.
Porque en la escritura hay algo que es iluminación: me descubre en el más amplio sentido de la frase “me descubre”. Y por cierto que por eso del “amplio sentido” también es por lo que escribo. Porque decir “lo que queda” significa tres cosas distintas, todas certeras.
Porque empecé a hacerlo en el mismo momento de mi infancia en que comencé a ser yo mismo y no puedo pararlo. Y porque en las horas de desaliento (más editorial que escritorial) en que “decido” dejar de escribir lo pienso en forma literaria y no descanso hasta que escribo que ya no escribo.
Porque tras haber vivido (o sea, tras haber visitado latitudes impensables; tras haber edificado una familia; tras haber transitado las horas con vosotros, Hazversos y Canallas; tras haber amado y visto tanto y tanto), o sea, tras haber vivido, para cuando ya no viva, el Paraíso lo concibo como un lugar sin lugar donde no hay acción, un lugar donde transcurre infinito el tiempo sin tiempo, un lugar donde leo y leo y leo, aprendiendo, conociéndolo todo por lo escrito. “Casas de vida” llamaban en tiempo de Ramsés II a las bibliotecas. Y si el Paraíso que imagino en la nebulosa de la inexistencia es una biblioteca, ¿cómo no desear ser partícipe de la inacabable construcción de ese paraíso?, ¿cómo no escribir?

Rafael Borge:
(Iconoclasta heterodoxo hasta la extenuación, Rafael Borge responde a la pregunta con unas citas del libro “Escribir es vivir” de José Luis Sampedro:
“… me mueve a escribir descubrirme a mí mismo para descubrir a otros y para encontrarnos todos, para vivir más…
… mi concepción de la vida como una obligación de hacerse lo que se es. la vida es, o debe ser, un esfuerzo encaminado a hacernos lo que somos, lo cual entraña no pocas dificultades porque ¿cómo sabe uno quién es?...
… yo he escrito con tesón y perseverancia durante cuarenta años sin ser conocido como escritor. Era conocido como economista, pero, además de ganarme la vida con mi trabajo de economista, me levantaba a las cuatro de la mañana para escribir novelas. Y, pese a escribir y publicar unas cuantas, con buenas críticas y todo, a mí no se me consideró escritor hasta los años ochenta. Escribir durante cuarenta años sin que el esfuerzo esté recompensado por éxito, ni por fama ni por dinero, sólo tiene una explicación: que la recompensa consiste en la satisfacción íntima, en el “dolorido sentir” en palabras de Garcilaso. Al igual que Garcilaso de la Vega, tras un desengaño amoroso, escribió aquello de que “nadie me podrá quitar el dolorido sentir”, tampoco a mí me podía, ni me podrá quitar nadie el dolorido sentir de la creación…”

Rafael Soler:
¿Por qué diablos escribes, alma de cántaro, con la que está cayendo?
A tus cumplidos sesenta y dos añitos, de vuelta de nada y enfrentado a casi todo, ¿qué haces emborronando folios, servilletas, y recibos del super? Tú, que ignoras las bondades del ”control+enter”, que sigues confiando en la nívea bondad de los jurados literarios, que te has reencontrado con los tuyos a golpe de versos y manzanas, ¿qué pretendes un folio tras otro dale que te pego a las seis de la mañana, disfrutón, encendido, vivo, arreglando el mundo y sus aristas? ¿De qué vas cuando das lo mejor de ti al encontrar la palabra que faltaba, benéfico pardillo? ¿Buscas novia, un abono del Canal, alguna palmadita al bajar del autobús? Y más concretamente, por evitar cualquier floritura innecesaria en tu respuesta, ¿escribes cuando escribes, o cuando escribes bailas, vomitas, escuchas al ardiente corazón del amor que nunca conociste, vives como hubieras querido vivir si te dejaran? ¿Tanto tiempo te queda para tallarlo a tinta? ¿Para quién? ¿Para cuántos? ¿Qué quedará de todo lo escrito dentro de seis años, de diez o de cincuenta? ¿No hay suficiente texto impreso en las pescaderías, en las páginas salmón que el diablo confunda, en los misales? ¿Te parece prudente atosigar a tus afines con un poema nuevo que habla de tus viejas obsesiones, de la muerte inevitable, de la soledad que luce la solapa del vecino? ¿No tienes un diván? ¿No te gusta el ocio compartido, los escaparates, las aceras con sus piernas?
PAUSA, MIENTRAS EL INTERPELADO RECAPACITA, MALDICE LA ENCERRONA Y ENCUENTRA UNA RESPUESTA A SER POSIBLE
BRILLANTE
LUMINOSA
DEFINITIVA
Algo así como:
“Escribo… …( balbuceo)… …porque no tengo remedio”.

viernes, 9 de julio de 2010

lluvia de arena africana y...


La presentación de las Hazversidades de este 8 de julio prometía. A media tarde había caído un chaparrón de barro venido del Sahara convocado, mucho me bienicio, por la expectativa de poder escuchar los poemas de Castelló, siempre rezumando memorias de Sunu Gaal, de Senegal.
En el Ocho una legión de ansiosos aguardábamos expectantes la aparición del Poeta y Fotógrafo con los paraguas de la emoción dispuestos por si acaso.
Las paredes sangraban alegremente, apasionadamente con los poemas y fotos de Julio apuntalando el local como los truenos y los relámpagos sujetan el telón de la tormenta.
Empezó a chispear entre las mesas cuando los primeros versos de “Qherido animal” desvelaron sin remedio la gratificante tormenta que se nos venía encima. La lluvia de versos, mansa al principio, fue haciéndose cada vez más fuerte, más contundente. Hasta que nos arrasó a todos en un milagroso diluvio, una inundación del espíritu tras cuyas aguas salimos transfigurados... como Noés que han descubierto el enigma de la existencia...

1.

hablo por hablar como quien ladra o zumba orina o sorbe la sopa hirviendo de rabia o vida antigua o como quien se alimenta de restos carne cruda como quien saca la basura o gime su impotencia y habita un calor que no es el suyo (ni de nadie en particular)

hablo como rezuma el árbol su resina como el agua finge su eternidad tediosa o su algarada como la nieve calla la vida alrededor o el fuego rompe a conciencia el aire

a veces pierdo la razón y creo hablar con alguien por lo general soy consciente de mi soliloquio de onanista insomne y me limito a disfrutar

(hay algo en la música del ruido que me place y basta)

hablo por hablar para evitar el frío como si en el abrazo del fósforo hubiera algún daño algún contacto físico como si el dolor no fuera una forma de conocimiento un conozco lo que ignoro no solo pero en primer lugar como si arder no proporcionara una inmensa luz y su contrario la oscuridad no fuera una fuente sublime insondable indemne de belleza

en la soledad / me consta / se abren los temores de la sangre a un oxígeno atroz a la sustancia a la sinapsis última alerta escanciadora de olvidos invisibles necesarios más allá de todo lo consciente de un modo tal que solo él lleva a vivir lleva al presente al presiente y fúndete porque mi único yo mi verdadero no es otro que el recuerdo y a veces / tantas veces / su desaparición

solo vive el que ignora el que no tamiza el impulso el que no categoriza límites muertos ataúdes los sentidos el que no puede más que latir y latir insensato animal próximo a la locura pero / claro / no vive como humano en su etimología de humo

el humano no vive como el fuego / no / vive como su resultado como ceniza espuria recordando ser hombre mujer híbrido de animal y sombra / o reflejo

el humano en su reflexión vive permanentemente y sin remedio instalado en su pasado lejano o muy lejano / en olvido

el humano consciente es animal pretérito por definición / el que fue el que ha sido el que acaba de ser bañado en su propia luz que es su propia ignorancia su urgente y permanente necesidad de saber de su inmediato automático saberse y comenzar a borrarse

la vida humana y su mermada selección natural

si hablo si escribo es solo para dejar rastro baba de caracol territorio marcado como el perro que muerde al semejante que enseña los colmillos que orina en las esquinas su percepción de límite

yo anhelo sobrepasar ese límite / pero crece conmigo

mi territorio es hoy / nunca ahora / ficciones de presente en que escribo frente a aquel flexo rojo por primera vez herido por primera vez consciente por primera vez solitario

escribo hoy por escribir / como ayer / hablo hoy por hablar y el hoy nunca es el mismo grabo en cinta magnética o papel milimetrado nunca la misma conversación en unos y ceros en escasamente espontáneos movimientos de cabeza gesto olor corporal feromonas
volátil el humo
por desgracia (o no)
nunca el fuego

(Del libro inédito “hablar por hablar”)

lunes, 5 de julio de 2010

El Uno y los otros


Julio Castelló, Poeta. Poeta en la medida no mesurable en la que Paul Celan o Edmond Jabés fueron, son, serán Poetas. Y sin embargo, Julio Castelló, transparente, secreto, casi invisible Poeta. Poeta que conquistó desde sus primeros versos, allá por 1979, y para siempre, la autenticidad, el único territorio en el que habitan los Verdaderos, aquellos que transitan los antípodas donde abrevan los otros, los menesterosos, mediocres y mezquinos; esa cohorte de tarambanas, trepadores, advenedizos, sean españoles, turcos, russos, o chilenos; esos que un día quieren ser pintores, otros novelistas, otros filósofos, y casi siempre quieren ser poetas (poco texto creen que equivale a escaso esfuerzo) porque no quieren ser ellos mismos sino sólo ser vistos, instalarse en la notoriedad. Si el caso se diera, esos farsantes estarían dispuestos a ser filibusteros, o gilibusteros, sillas de montar, lamparillas o porcelanas de Talavera. Lo que sea que esté de moda y los haga visibles. Tipos y tipas que creen encontrar un sentido a sus impostadas vidas queriéndose dar la importancia social del artista, del mismo modo que otros justifican su vida primero teniendo un hijo y luego jodiéndole la existencia.
Pero esa falsía tan de Gollum de algunos de nuestros artistitas contemporáneos se vislumbra bien de lejos cuando se compara con un poeta de una y de mil piezas como Julio Castelló y se ve que cada verso de aquéllos es plagio, cada fotografía copia, cada cante, eso, un cante.
Pero pese al demasío silencio y a la incomprensible ocultación del Poeta indispensable que es Julio Castelló, ahora tenemos la fortuna de gozarlo sin ínfulas, ínsulas, baratarias ni dobleces.
Así que cuando al fin los años y los hombres se hagan justicia a sí mismos reconociendo la inalcanzable altura de nuestro Hazverso poeta, podremos sólo algunos de nosotros decir “yo estuve allí”. Mucho antes de que el mundo reconozca lo que es, sin embargo, palmario: Julio Castelló, Poeta de la Autenticidad; porque él, como los dioses, es quien es; y porque lo es, es lo que es.
Poeta sin haber sido publicado como debería pero aun así también Poeta en su propia piel, sin haberse movido como un loco ruin para salir en todas las fotografías al mismo tiempo, sin haber mendigado aparecer en las crónicas de los que aunque no cuentan nada, cuentan en el oropel.
Julio Castelló, Poeta de “género”; en concreto de un género, el de lo que es esencial.

la piedra al cuello
tu piedra
la piedra que me hace diferente
ligero pesado
superior a mis fuerzas
superior a mi propia fatiga
esta piedra de sal que no se deshace
bajo la lluvia
esta piedra que crece hasta que
a veces creo que no la llevo encima
la misma piedra que habla con
un silencio sólido
un silencio de siglos de golpe
un silencio breveconcentradoveloz
como una bala que
debía haber silbado

pero llevamos dentro
silenciosa y mortal

(De “Sunu Gaal”, Ed. Sial)

escala 1:1 me creaste una estrella de indudable autoridad
un chasquido de lengua una tormenta
una rotura en la piel un precipicio
una gota de saliva de baobab
un soplo
un hombre
mi propio nhombre

(De “Sunu Gaal”, Ed. Sial)

Y ya no más poemas de Julio Castelló, valgan éstos dos para abrirnos el apetito de decidirnos a ser testigos de un acontecimiento del que podremos jactarnos al final de nuestros días cuando contemos a otros que nosotros “estuvimos allí”, en el Libertad 8, en uno de los recitales del Magíster.
Así que dispongamos unos versos para decir “hasta el jueves” a Julio. Pero, ¿qué versos podríamos redactar a continuación de los suyos que le hicieran la debida compañía? Realmente muy pocos de muy escasos autores. Valgan estos:

REPOSO

Una tristeza del tamaño de un pájaro.
Un aro limpio, una oquedad, un siglo.
Este pasar despacio sin sonido,
esperando el gemido de lo oscuro.
Oh tú, mármol de carne soberana.
Resplandor que traspasas los encantos,
partiendo en dos la piedra derribada.
Oh sangre, oh sangre, oh ese reloj que pulsa
los cardos cuando crecen, cuando arañan
las gargantas partidas por el beso.

Oh esa luz sin espinas que acaricia
la postrer ignorancia que es la muerte.

(De “Espadas como labios”, Vicente Aleixandre)
(Fotografías, Julio Castelló. Por cierto, el mes de julio se ha inaugurado una exposición de fotografías de Julio Castelló en el Libertad 8)

jueves, 1 de julio de 2010

Julio Castelló, P O E T A



En el mundo así llamado de la lírica pueden hacerse múltiples taxonomías.
Poesía viva, poesía muerta, poesía muy viva, poesía de la experiencia, de la diferencia, la indiferencia, la excedencia, poesía de la sección nacional, poesía del signo del gorrión, poesía de la prueba del nueve, poesía de novísimos, ultranovísimos, novísimos no va plus. Poesía de la mediocridad, de la todocridad, de lo ininteligible. Poesía del culturalismo, del feísmo, del coloquialismo, poesía de la línea clara, de la épica, de la retórica, de épica, poesía no figurativa, poesía metafísica, poesía metametafísica, poesía tísica, irracionalista, neosimbolista, poesía de la sensibilidad del rock, poesía del realismo sucio, del realismo limpio, poesía de la tibieza, poesía postnovísima, mística, guerrera, epidural, adormedera, campesina, pastoril, poesía generación beat, poesía de la antología invisible, poesía del silencio, poesía de la generación perdida, poesía encontrada, poesía muy encontrada, poesía premiada, subvencionada, funcionaria, poesía poesía, poesía no tan poesía.
Claro que otra taxonomía algo más sencilla sería en función del autor: escritores que escriben poesía y poetas. Así de sencillo, dos grupos. Y para nada homogéneos. En uno de los cajones de la división, el de los que escriben poesía “habemos” una retahíla, que, si hacemos caso del último censo lírico autorizado por el frenopático de Loeches asciende en España a la nada desdeñable cifra de 16.338.314 escritores de poesía, 3.164.889 de ellos sin papeles, esto es, “escritores” de poesía oral.
En el otro canjilón, bajo el epígrafe de “poetas” podemos encontrar, echándole mucha ilusión una decena de nombres en todo el siglo XX.
Y para cuando se pueda hacer el cómputo de la media docena o poco más de poetas que se computen en el siglo XXI, ahí encontraremos el nombre de Julio Castelló.
Pero que nadie se sienta ignorante por desconocer la poesía de este que, como digo, es y será uno de los escasísimos “poetas” con todas y cada una de sus letras que habrá de nuestro tiempo. No es culpa de los que lo ignoren, es culpa de nuestro mundo, que aún confunde el fuero y el huevo, aún mezcla, en este caso, a quienes escribimos poesía con los poetas. En fin, como dice amargamente Germán Gullón, ‘nos hallamos ante una sociedad literaria en que los escritores son simplemente famosos o desconocidos’. Otra forma, seguramente, de la misma taxonomía de escritores de poesía y poetas.
Y no es que entre lo primeros no haya notabilísimos ejemplos y poemas memorables de escritores que puede que sean necesarios (como son necesarios el aero-red, la ley de la gravedad o los anuncios de compresas), pero los otros, la decena de poetas que cada siglo alumbra, esos son habitantes de una distinta categoría de la humanidad que el resto de los humanos sólo alcanzamos a ver de lejos, a intuir.

alguien se practicó un agujero en la vida
una autopsia en la vida para no desfallecer

y se quedó desnudo a solas con su frío
con su fuego cortante como un paso de baile
o de navaja

maldito danzante feliz
en cueros
mostrando con orgullo y con placer
quemaduras
cicatrices
pactos huecos

silencios
esperanzas
desafíos
temores arrasados

y un despertar de pájaro enredado
en su propia espada.

(Del libro “Sunu Gaal”, Ed. Sial)

solar
esta luz de escombro
bajo los pies
que he perdido

siempremente he perdido
puntos de sutura
puntos de odio
carne muerta

he perdido el norte
y el sur
esto o este acento
una palabra que no diré
365 palabras
que multiplicadas por 33
no tienen sentido

el tiempo
y su fractura de números
azules
su larga fractura roja
que ha dejado de latir

he saneado una cardiopatía
una epidemia en la piel
un útero
un cuello de botella y útero
la raíz cúbica de todos los
calvarios
mi corazón
en paro
vive en el interior verde
botella de tus manos
en las algas del poso de tus manos
en el dique seco de tus manos
y no ha podido salir

se ha estrellado allí mismo
y no ha podido salir

hoy tus manos universo
tus manos constelación
lejanísimas
tus manos enterradas en el cielo
laten

como un misil que ha perdido el
rumbo
un corazón nuclear
estallará
en cualquier parte

su coordenada es
letal
su dispersión
cuestión de
tiempo
cuestión de
gravedad

desencanto

(De “Qherido animal”, Ed. Libros de Letras)






(Fotografías © Julio Castelló)

lunes, 22 de marzo de 2010

Reseña de Hazversidades Poéticas


Nuestro gran poeta, crítico y promotor literario Jorge de Arco ha tenido la amabilidad de publicar la primera reseña periodística de la colección Hazversidades Poéticas. Ha salido publicada el 22 de marzo en "Andalucía Información". Adjunto el vínculo del periódico donde puede leerse y además la trascribo a continuación.
http://www.andaluciainformacion.es/portada/?a=114170&i=5&f=0&b=1029

Desde esta columna, que ya ha cumplido una década, he procurado siempre dar la bienvenida a todo tipo de iniciativas literarias, que llevasen además aparejadas una realidad editorial.Por ello, es ahora de justicia, saludar con ilusión el nuevo proyecto, convertido ya en certidumbre, que capitanea Jaime Alejandre ( 1963). Este burgalés, nacido y crecido por y para la literatura -y por y para las buenas causas-, narrador, ensayista, poeta, agitador cultural…, ha diseñado un luminoso itinerario lírico por donde irá clamando su paz y su palabra un buen puñado de autores. Él, mejor que nadie, nos lo explica con sus propias palabras:“Los ocho a las ocho en el “Libertad 8” son unos recitales de poesía que convocan cada mes a una heterodoxa tripulación de poetas “hazversos” unidos por la insensata empresa de encontrar dudas y certezas imperecederas en un mundo que se tapa los oídos y cierra los ojos creyendo que sobrevivir sea vivir. Para rescatar el torbellino de la desmemoria y la fugacidad de estos versos recitados en mágicas veladas de resistencia emocional e intelectual, ha nacido la colección “Hazversidades poéticas”, con la esperanza aún de vencer, si acaso un instante, al tiempo, al hombre, a sus engaños”. Con estas premisas, se han celebrado ya los dos primeros encuentros y ha visto la luz un par de sugerentes y límpidos cuadernos, que dejan intacto el apetito de las futuras entregas.El primer volumen -editado, como los restantes, por el propio Café Libertad 8 y bajo el cuidado diseño gráfico de “Absurda fábula”-, tiene como protagonista a Enrique Gracia (1950).Hombre polifacético -actor, crítico, articulista, poeta…-, este madrileño ha recogido para la ocasión una interesante muestra de su ya abundoso quehacer. Su poesía, de verso sólido y humano, y con un sabio dominio de las tonalidades rítmicas, deja honda huella al lector y a él se anuda con verbo firme: “En un poema hay que extender la vida/ al viento, al sol de la mañana,/ a la vista de todos/ como ropa tendida en el alambre …/… Los versos, hechos sangre, piel o músculo/ bien cogidos con pinzas, agitándose/ en medio de los patios, a la luz,/ como banderas sin ejército./ Así tienen sentido”.El número dos de esta colección lleva el nombre de Elvira Daudet. Esta periodista y novelista, con seis poemarios a sus espaldas, presenta aquí un amplio adelanto de lo que será su próximo libro de versos, “Cuaderno del delirio”.Su cántico, viene signado por la ausencia y la búsqueda de una esencia amatoria que quedó anclada en otro espacio, en otro tiempo pretérito y que no retorna. Y que duele: “Malherida quedó, de pie en la alcoba,/ alguien que no era yo;/ al principio pensé que estaba muerta …/… El vacío trepó por las paredes/ como un súbito moho,/ royendo los visillos,/ la alegría de nuestras risas juntas”.Y así, con el alma en vilo, con el corazón al descubierto, van navegando estos versos en una singladura, donde el olvido no cabe, y el recuerdo es herida abrasadora: “Tus labios son todavía mi infierno”.Ténganlo presente. Cada día ocho, a las ocho, en el madrileño Libertad 8. Las próximas citas: Rafael Soler, Julio Castelló, José Elgarresta y Carlos Aganzo. Lo dicho. Buena poesía y buena gente.