Y Arturo Hazverso ha tomado ese olímpico polvo áureo en la palma de sus manos en forma de versos suyos, ha soplado y nos ha inundado de una salvífica lluvia de felicidad y lirismo.
Todo nuestro alrededor se ha convertido en babilónico jardín colgante donde la frescura del oasis de unos poemas ha sido suficiente para aquietar la violencia de un sol envidioso y humedecer tanto la piel de los oyentes como sus ojos al escuchar cosas de Ángela que nadie creería. O sí.
Afuera, ignorantes, en la calle, hombres y mujeres vagaban camino de su hastío desconociendo el milagro que allí mismo, al lado, se estaba desenvolviendo como un derviche giróvago embriagado de sí mismo.
Gracias Arturo por tu inapelable recital...
INTACTOS
Soy constante como un árbol. A veces duermo ajenolargamente, como si me hubiera convertido en otro
hombre y no importaran ya los altares nuestros poblados
Pero durmiendo nos sueño, nos recuerdo y siempre
regreso de los senderos agrestes del invierno; aquí meesperas tú, y ellos, y tantos habitantes fieles de esta tierra.
Volvemos siempre, sedientos, cubiertos de cielo y polvo,
como quien viene de lejos. Volvemos exhaustos pero
intactos.
COSAS QUE SÉ DE TI QUE NADIE CREERÍA
Hay cosas que sé de ti
que debo guardar en secreto
porque nadie las creería.
Digo por ejemplo esa facultad de deshacerme
las contracturas que me brotan en la boca
con un solo arpegio de tu legua desnuda
digo tu estatura infranqueable en la hora gris
cuando zumban en el aire derrotas como insectos
y a la ciudad le sobornaron los colores
digo tu dedo menudo levantado de antemano
cuando suenan a lo lejos campanas de naufragio
incondicional recluta siempre para todo
digo tu mirada ignífuga a la melancolía
tu encía ofreciéndole cimiento a la sonrisa
esa que hace astillas el cenotafio de los sueños
con su caligrafía de filamento incandescente
digo una sola pestaña que sutura
la fatiga herrumbrosa de los materiales
y desentraña la salmuera y los escombros
parpadeando miradas de fosgeno.
Digo esos abrazos tuyos que nos ungen
con noches de propiedad conmutativa.(Arturo Gonzalo Aizpiri, Hazversidades, 2012)
















