La historia del joven príncipe que sale de palacio
y descubre de pronto la enfermedad y la muerte,
la estafa. Todo ha sucedido tan rápido… La frustración
encantadora, como el sexo. Y necesaria. Debemos
tomar mucha fruta y comprender el Islam
y que el día también desearía tener veinticuatro horas
para nosotros. Pero hay, no sé, un error
de estructura; afuera y adentro, quizá.
El más grave de todos, la mirada.
La piel el más delicado…
(Fragmento de “Siddharta en Google”, del libro “Autoría”, 2010)
En ocasiones la vida es capaz de compensar a través de arcanos mecanismos. Después de haberle “regalado” a uno la inclemente adversidad (sin juegos de palabras esta vez) que para él conservaba en la salmuera, tal vez, de la venganza. Así ayer la vida (perdón por hablar de mí si acaso un momento en este blog) creo que me quiso desagraviar cierto dolor de esos mortalmente intransferibles con las palabras que Julieta pronunció antes de comenzar la lectura de sus versos. Si en un ejercicio de impostura literaria y vital hubiera querido falsificar un discurso para Jaime Alejandre escribiéndolo yo mismo y fingiendo que otro lo hubiera redactado, habría elegido exactamente lo que Julieta, en una desmesura de la generosidad, cegada por no sé qué velo de la amistad, me dedicó ayer. Gracias, Julieta, más allá de lo que tú ya sabes.
Disculpas. Acabo sin más esta improcedente digresión personal y vuelvo a la presentación de las Hazversidades Poéticas de Julieta Valero que provocó un calmo tsunami. Sobre todo entre cuantos, estupefactos, se adentraban ayer por vez primera, a brazadas, en su poesía.
Julieta consiguió hacer que lloviera dentro del Libertad 8 una de esas lloviznas que empapan sin mojar y que sólo a veces aparecen en alguna película de Tim Robins para hacernos comprender que la verdad es lo que queremos sentir, no lo que dicen los científicos que es. Julieta ayer nos enseñó la altura moral de la tristeza clarividente que no cae en la desesperación sino que sirve para sustentar los andamios de un cielo que uno se debe empeñar en construir, en mantener en pie, en decorar con alegrías acechadas y aun así indemnes. Gracias, Julieta, en nombre de cuantos ayer me confesaron haber quedado enamorados de tu palabra. Gracias por ser y dar honestidad con la naturalidad con que el campeón del mundo de salto de altura sube y baja de una acera.
Pero permítaseme hoy que tampoco deje de reseñar el lujo que fue sentir a nuestras Hazversidades arropadas anoche otra vez por cuantos no faltan un solo Ocho en el Ocho a las Ocho, con una lealtad que hace vencer cualquier desfallecimiento que pudiera asomarse a los ímpetus marchitables de sus organizadores. Arturo, María, Manuela, Valentín, Elena, Jesús, Marta, José, Ángel, Jorge, Emilio, Alejandra, Irene… Y aquellos que tampoco nunca faltan, que aparecen cada 8 sin saber yo quiénes son y se marchan callados en la timidez de los
Gracias a todos por haber hecho Hazversidades. Gracias desde el fondo más inalcanzable de lo que nunca nadie ya jamás podrá quitarme. Aunque un día, apenas en apariencia, pase a faltarme todo…
“… de lo escondido ya solo me interesa cómo se las arreglará la esponja del amor para crecer más allá de la barrera de coral…”.
(Fragmento de “Ítems para un tsunami”, del libro “Autoría”, 2010)
(Asunción, Paraguay)
